Nicolás Sarmiento:
TEMPERATURA AMBIENTE
23 JUL ↭ 5 SEP, 2026
OBRAS EXHIBIDAS
Texto de sala por Sofía Reitter
“El espacio es lo que frena la mirada, aquello con que choca la vista: el obstáculo”
Georges Perec
Suele ser una situación incómoda comunicarse con alguien a través de una mampara. Ya sea en un kiosco, un PagoFácil demodé, una oficina estatal, un hospital o un banco mientras esperás con un fajo de billetes, que parecen una millonada, pero poco valen. El tabique obliga a estirar el cuello o agacharse para encontrar los intersticios calados por los que vislumbrar mejor el rostro del otro lado o el canal que permita escuchar la voz más diáfana. Dependiendo la sofisticación del espacio, el material de la división puede ser más o menos rígido, de plástico o de vidrio. La hendija, por su parte, es el elemento indispensable, pues únicamente a través de ella puede lograrse el tráfico entre ambos extremos.
Temperatura Ambiente es la primera muestra individual de Nicolás Sarmiento en Argentina después de once años. Las obras reunidas presentan las derivas de su producción tras su mudanza a Basilea, Suiza, en 2018, donde comenzó a investigar nociones vinculadas al diseño industrial, la arquitectura y los dispositivos de exhibición, planteando cortocircuitos sobre las funcionalidades prometidas. Así, Sarmiento crea displays opacos, distorsionando determinados elementos como si trabajase con un mecanismo compuesto por partes sobre las que opera aisladamente.
La serie Mostradores comenzó en el 2020 cuando la vertiginosidad del estallido viral impuso la necesidad de inventar dispositivos que velaran por el distanciamiento social, obligando a los suizos a hacer algo que no les sienta bien: improvisar. Esas estructuras espontáneas atrajeron al artista porque en ellas reconoció cierta cultura material argentina, siempre hábil para atar las cosas con alambre. En esta serie de tensiones y desplazamientos discurren las obras, entre un aquí y un allá propio de quien migra.
Detenerse en estos dispositivos tan cotidianos como anodinos, en sus estructuras y componentes, es una invitación a pensar las formas imperceptibles en que se moldea el entorno y las relaciones sociales que se dan en él. La pared misma de la sala se deja perforar, y es el hueco lo que la pone en evidencia. Son intervenciones mínimas que hacen visible aquello que siempre está ahí, transformando al espacio mismo en objeto.
Nicolás es muy cuidadoso a la hora de diseñar sus obras. Lo hace con detallismo y precisión, aunque primero siempre está la intuición. Una atracción inexplicable, una seguridad visceral. En la serie de pequeñas esculturas, Portación de gravedad, primero aconteció el enamoramiento a partir del cruce azaroso con una pieza de porcelana fría que el artista encontró en una tienda de antigüedades y chucherías en el barrio de Villa Crespo, hace cuatro años. La figura representaba a una tortuga que bien podría haberla hecho unx aficionadx de Utilísima, una pieza inacabada sin ojos, con la cabeza desproporcionadamente grande y una vaquita de San Antonio posando en su parte posterior. Al poco tiempo, se cruzó con otra figurilla de cerámica de similar tamaño, pero de factura industrial, que representaba a un elegante pato blanco con una vaquita de San Antonio en su pico. Conectadas por la presencia casual de ese insecto, se aventuró a replicar ambas figuras en cerámica esmaltada. Las múltiples copias se disponen sobre repisas de madera con esqueletos de metal, mientras que los originales, como las reliquias, permanecen momentáneamente ocultos.
Tráfico con la realidad. Como un pato mirando un complejo arquitectónico III continúa una serie en la que Sarmiento compagina videos de YouTube de recorridos por casas suntuosas de celebridades, atravesados por un filtro que oscurece toda la escena y entorpece la visión. Como una pantalla con el brillo al mínimo, hay que dilucidar la exuberancia en las tinieblas. En este nuevo capítulo, el montaje se complejiza: el recorrido por la casa parisina de Lenny Kravitz se pone en diálogo con el video de un japonés compartiendo con minuciosidad su ritual para preparar café y registros realizados por el propio Sarmiento de la casa de su abuela en Marcos Paz, el Museo de la Cárcova y el contrafrente de la galería. Esta sucesión de espacios dispares, definidos tanto por sus arquitecturas como por los objetos que albergan, transita entre la chatarrería y la elegancia, el depósito y la recámara, lo público y lo privado. Entramos a la casa del músico como ladrones en la noche por la puerta principal y salimos, sin solución de continuidad, al edificio que alguna vez fue caballeriza sobre la costanera del Río de la Plata.
En la pintura Ventanilla de entrada con lunas, el artista parece dejarnos una pista. Allí una inscripción casi transparente reza: “información / ruido / visualización”. Sarmiento opera sobre ese tercer elemento, el que está en el medio, en aquello que obstaculiza y a la vez produce el encuentro. Siempre existe un “ruido” que imposibilita acceder completamente a las cosas. El tráfico no se produce a pesar de la interferencia, sino con ella, y cuando Nicolás le sube el volumen, son las mismas condiciones de posibilidad las que se ponen en primer plano.



























